El muro

Imagen: Robert Mapplethorpe

Dicen que la vida está allá afuera, 
lejos de mis manos,
lejos de mis ojos, 
Cómo explicarles que tu sonrisa
 me atravieza la espina dorsal del corazón?

Y el recuerdo de cada gota de lluvia
de ésta lluvia que no cesa
que no deja lavar, y no se viene
como yo me vengo de tu lujuria.

Dicen que tendimos un puente
lo construimos y destruimos a nuestro antojo
o mejor dicho a nuestro deseo
Por que hemos de confirmarlo todo
si somos humo viajero
hoy la vida no cree en nosotros,
pero nosotros la crearemos...
....
...
...
...
o quizás no.

Ayer llovió toda la noche...


- Realmente me gustó lo que haces.
- Gracias
- Deberías hacer, inscribirte... bla bla bla bla


Dejé de escuchar, y tomé un trago de cerveza, dije si a todo.
A veces es mejor aceptar que nadie te entiende.

Subí de nuevo al escenario,
con luces y toda la parafernalia de un rockstar,
tres docenas de ojos mirándome, quizás eran menos, creo que uno era tuerto.

"Puedo escribir los versos mas tristes esta noche... pero no. 
Dicen que escribir es un trabajo, pero no, escribir es ir viviendo así de fácil. 
Me dicen que yo escribo, pero no, yo leo y por eso escribo, 
porque leo y voy viviendo, eso no me hace escritora pero si vividora."

Y es que escribir se vuelve necesario después de una noche de lluvia constante,
después de oír el goteo incesante de un cielo rojo con relámpagos inesperados
y truenos que retumban en el alma.

Después de la lluvia llamaste cual cobrador de banco de tarjetas sobregiradas,
"Tenemos cuentas pendientes por saldar". 
Se me secó la boca,
después de hablar contigo por una hora
tratando de convencerte de acortar los plazos de pago fijo.

Descubrí que a pesar de la lluvia
siempre hay deudas que se deben saldar lo antes posible.

Aquelarre Lírico



Lectura en voz alta de poemas escritos por mujeres
Café La Celestina en Zamora, Michoacán
Guerrero No. 25 casi esquina con Madero
Viernes 24 de junio / 20:30 hrs / Entrada libre

se venderán objetos literarios en diversos tamaños y formas
por si gusta :)

Lola no quiere las sobras... (Bitácora 1)




Cena: café negro. No hay leche ni azúcar. Como un poco de pan y le unto mermelada, no hay mantequilla. En la alacena queda granola, algunas galletas y miel. Ocho cigarros en la cajetilla me ayudan a definir la palabra racionar.

Imagino a Bolaño, con su régimen espartano el que describió cuando vivía en España: pan, manzanas, café, té y miel; además de una mujer y un hijo. Un mago. O a Kerouac dividiendo y saboreando una dona rancia, mientras pide aventón a la orilla del río Misissippi. O a Cortázar en París añadiendo más agua al mate y menos tabaco al momento de liar los cigarrillos. O a Bukowski en la dureza de su cuarto sencillo y sucio, a dieta de alcohol barato y prostitutas.

Imagino que la recesión me vuelve mejor “escribiente”, y un segundo después pienso que son tonterías, que es mejor concentrarse en el deber ser, que pronto tendré que pagar la renta y la luz. Me pregunto ¿qué demonios pasaba por la mente de esos escritores?, ¿Es acaso que la necesidad de escribir los hacia olvidar las carencias? ¿O es que las crisis económicas le devuelven peso a tus huesos, mostrando la inevitable condición humana? El ombligo pegado al espinazo te hace mortal, como esos personajes que ellos crearon y que tanto amas. Los escritores son santos, eso mismo. Santos de paciencia y resignada aceptación de la maldición que es escribir.

Mi perro quiere sus croquetas, le importa un pepino si me pagaron o no. Se rehúsa a comer sobras de la mesa, me mira acusadora: 

-Tu tenés la culpa por querer ser escritora, y no llegar ni a escribiente, ¿decirme qué oficio es ese?, ¿en donde dice Se Solicita escritora, buena presentación? 

Sí, en mi mente Lola habla como la Muerte argentina que imagina Oliverio, en el lado oscuro del corazón.

Sin dinero en la mano todo se vuelve una fórmula secreta para sobrevivir al límite, en la orillita del mundo, a unos centímetros de la nada. Vas caminando como malabarista intentando priorizar las necesidades básicas, las demandas del mundo y el deseo hedonista. Divagas todo el tiempo, procastinas, cambias el juego, pero nada sale bien. Tu mundo no cabe en el Mundo, por eso buscas otra realidad, pasada, ajena, para mantener el paso y no salir corriendo, y mentarles la madre a los cobradores para que dejen de joderte, para gritarles que pagaras en cuanto te depositen. Me quiero volver chango, no, mejor no.

Es mas que la falta de plata, es la falta de una certeza que te “vendieron” hace tiempo, cuando eras inocente y creías en los principios del capitalismo, en las cosas “seguras”, como si el mañana fuera una fórmula matemática irrefutable y práctica. Y si lo pensamos bien, no es la carencia lo que hizo que ellos escribieran; fue la renuncia a esa certeza, tirar todo por la borda, soltarse del cómodo asiento de la pose, y volcarse en lo primario, lo indispensable e insustituible.

Los imagino saliendo a luchar como cavernícolas contra el mamut, día a día salir a luchar por tener un poco de luz en casa y algo de agua caliente, un techo, hojas blancas, plumas o cinta para la máquina de escribir. Los imagino llegando a su casa, esperando el reclamo de la mujer en turno, o el abrazo resignado de la soledad, el pueril romanticismo de mi imaginación me dice que escribir sin recibir nada a cambio tiene sentido, porque escribes para cubrir tus carencias, para sustituir las ausencias, escribes para saciarte, para estar sereno, al menos por un tiempo.

Me sonrío a mí misma y Bolaño, Kerouac, Bukowsky y Cortázar me sonríen entre los montones de libros, que yacen en el piso a falta de librero. Abro algunos y leo frases al azar, me quiero concentrar pero me parece imposible, yo no tengo un gramo de paciencia. No he dormido bien y aún no sé cómo terminaré el mes.

Pero me atrevo. Salto por la borda, salto y me estrello en la realidad, en las dietas espartanas, en la vida sencilla. Me alejo de los lugares cómodos y seguros, busco una razón para no volver y seguir caminando por la orillita del abismo. Salto al vacío sin paracaídas, sin ánimos de resignarme sigo buscando, algo, algo. Cuidado que traigo una bomba de tiempo bajo la lengua y está a punto de reventar a esos pinches que no me han pagado en tres meses. Lo dicho de santo no tengo un gramo,  y ya que estamos de sinceros: de escritora menos.