Manual para matar a una mujer...


No sirvió desmembrarla, y regar sus partes en otras mujeres que te acompañarían algunas noches sobre la humedad de tus sábanas.

El libro sin terminar

[a u r o r a]



I


A sabiendas que ella está ahí, que tú la colocaste ahí, bajo tu cuerpo, tirada sobre su espalda, la observas diseccionándola. Te recuerda a todas las mujeres de tu vida, las que hubo antes y después de conocerla. Las piernas torneadas de Gabriella; el vientre hendido de Alejandra; los senos tambaleantes de Verónica con sus pezones aciruelados, la boca jugosa de Elena, el pelo azafranado y rebelde de Julia. No te detienes en sus ojos, porque sus ojos son de ella, de Ella.


Si estuvieras con otra la mirarías de frente sin titubear, sin importar que abriese los parpados, o que mirase a otro lado. La mirarías sin dudar, sin pensar en nada más que en la humedad que penetras, en el olor que desprende su piel, en el gesto inconfundible de su cara. Pero con Ella no puedes hacer eso. Mirarla a los ojos equivale a extraviarse en las sospechas, la envidia, el odio, los celos. Sí, alguna vez lo hiciste, y no lo soportaste, te conoces, y sabes que si lo vuelves a hacer perderías la poca cordura que tienes cuando estás dentro de ella.


Dejas de moverte, sales de su cuerpo, te prohíbes silenciosamente pensar, ella adivinándote se tira bocabajo, le besas la nuca (de Claudia), la espalda (de Sofía), las nalgas (de Paola), la escuchas suspirar, gemir, la ves arquearse mientras te abres paso entre sus piernas (de Gabriella). Piensas en imaginarle el rostro, quizás así no correrás peligro, te cuestionas un momento mientras tus manos se colocan sobre su cadera (de Fernanda); desearías poder ver su cara, saber que la satisfaces en todo sentido, quizás si la imaginas no te haga daño, te atreves. Cierras los ojos, y entre siluetas difusas y azules pardos comienzas a ver su rostro extasiado, con su mueca maravillosa ensimismada en el placer, con la boca (de Elena) entreabierta. Y de repente los ves: sus temibles ojos. Y cómo en una película sabes lo que piensa, la ves soñando a su hombre, a ese hombre que te la arrebata a con cada movimiento, la ves imaginando el ultimo encuentro con él, y percibes un gemido contenido en su boca de Elena en donde ronda el nombre de ese al que ella se entrega por completo. Porque sabes que aunque posees su cuerpo construido por las partes de otras, Ella no es tuya.


Entonces, arremetes contra su cuerpo, queriendo tocarle el corazón desde dentro, hacerte presente en su alma y en su piel; mientras Ella se muerde los labios de Elena para no gritar el nombre de él, del otro. Y sientes en la boca un amargo sabor a ocre y sabes que ese es el sabor del dolor, de la rabia, de la lujuria. Le pides que diga tu nombre, y ella contesta con un suspiro. Entonces la volteas para que quede de frente a ti… y Ella te observa y tú sin pensarlo caes es sus ojos perversamente dulces, y una sonrisa cínica se le dibuja en la boca de Elena, mientras cierra sus ojos.


- Di mi nombre – No sabes si lo dices suplicando o en una orden – Di mi nombre Ella – No obtienes respuesta. Lleno de tu orgullo y tu lujuria, sabes lo que hay que hacer, te dispones a borrarla, a desaparecerla, a matarla. Si no es totalmente tuya no será de nadie. Pones una mano sobre su cuello de Claudia, lo harás, esta vez lo harás. Aprietas un poco, Ella se acerca a ti, abre los ojos, doblegándote. Agilizas tus movimientos, la penetras, mientras te clava sus uñas de Patricia en los hombros y la espalda. La observas imaginando que se entrega a otro. Le robas ese pensamiento para que tu deseo no merme. Le lames un pezón aciruelado de Verónica, sientes la proximidad de su orgasmo y del tuyo. Cuando de repente le oyes susurrar “Miguel”, tú no eres Miguel, y sin embargo ese nombre detona tu cuerpo inundando a Ella por dentro, mientras caes sobre sus senos de Verónica mojándolos con dos lágrimas cobardes que te recuerdan que le perteneces y que jamás le harías daño.

-Te amo Ella.


II

-Y dime Ella ¿cómo va lo de tu marido?

-Igual, Miguel siempre termina llorando después de que hacemos el amor.




Comentarios

Anónimo dijo…
REALMENTE ES CRUEL ESTAR CON UNA PERSONA Y PENSAR TODO EL TIEMPO EN OTRA, IMAGINAR QUE ESOS BESOS, ESAS CARICIAS, ESOS SUSURROS SON O PUDIERAN SER DE ALGUIEN MÁS Y NO PRECISAMENTE DE QUIEN EN ESE MOMENTO ESTA PENETRANDO TU CUERPO
**aeromusa** dijo…
Alguien puede decirme... por qué carajos se borran las letras en el mendigo blog??? >=S

anónimo:
este... mmm... aaah ps... mmm me suena pero ps no sé
T3Mo dijo…
muy bueno el post... pero no tengo idea de lo de tu pregunta (lo de las letrAS)
**aeromusa** dijo…
t3mo:
tnks...
aaah es que en algunas maquinas se borran algunas letras al visualizar el post... supongo que es error de la matrix o alguna mamonería así saaabe...
Dana dijo…
Miguel siempre termina llorando...

Terrible innegablemente pero sobre todo inevitablemente comprensible!!

Siempre que te leo suspiro, pero no diré mas, ya quiero leerte impresa, punto!!!!

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